A la muerte del general iraní Soleimani, le ha sucedido una escalada de tensión entre Irán y Estados Unidos. No es para menos, pues el general fue víctima del ataque con un dron en el aeropuerto de Bagdad. No vale la pena caer en el cuñadismo.

No creo que la tercera guerra mundial esté a la vuelta de la esquina, ni ningún conflicto bélico. Eso sí, la tensión en el estrecho de Ormuz, ya lo sabemos, suele comportar que suba el precio de la gasolina.

«No creo que ningún conflicto bélico esté a la vuelta de la esquina. Eso sí, la tensión en el estrecho de Ormuz suele comportar que suba el precio de la gasolina»

A partir de ahí, para no especular, dejo los pronósticos a voces más expertas en la región.

Eso sí, quería aprovechar para compartir con los lectores de The Citizen un esbozo del régimen constitucional de la República Islámica de Irán, ese país tan complejo y difícil de entender. Se dice a menudo que Irán es una dictadura y se dice bien, pero se trata de una dictadura pluripartidista. Algo que, así de entrada, suene raro, pero no lo es tanto.

Muchos regímenes dictatoriales permiten ciertas cuotas oficiales de disidencia política. En Bielorrusia, a los fraudulentos comicios le sucede siempre una aplastante mayoría gubernamental (hablo de más del 90% del parlamento) del partido del Presidente Lukashenko, a menudo camuflados bajo la etiqueta de supuestos independientes sin carnet. Eso sí, a veces se deja entrar a uno o dos diputados opositores, por aquello de decir al resto del mundo: “Ves, Comunidad Internacional, soy un país democrático”.

En las dictaduras de partido único, no es extraño que a veces se permitan elecciones, con varios candidatos. En la democracia orgánica del franquismo español, una parte de las Cortes la elegían corporaciones (sindicatos, instituciones varias, asociaciones y fundaciones varias vinculadas al movimiento), otros eran directamente designados por el Dictador y una parte del Congreso era votada, por sufragio universal. Eso sí, la norma no escrita es que sólo iban a votar padres de familia y alguna viuda respetable, y la norma escrita era que los dos candidatos eran del Movimiento. Uno prometía franquismo y el otro más franquismo. Lo cual hacía del resultado de comicios una auténtica incógnita.

«Irán se encuentra en un punto intermedio entre estas posiciones. Hay varios partidos, con líneas políticas bastante diferentes, pero sin que sea legal presentar un partido contrario a los principios del Estado teocrático del islamismo chií»

Irán se encuentra en un punto intermedio entre estas posiciones. Hay varios partidos, con líneas políticas bastante diferentes, pero sin que sea legal presentar un partido contrario a los principios del Estado teocrático del islamismo chií. Los chiís son una de las dos grandes iglesias del islam, la otra son los suníes. Aunque representan al 20% de musulmanes del mundo, los chiís son mayoría, además de en Irán, en Irak, Líbano y en Bahréin, aunque la monarquía de este último país es suní. En Siria se da el caso inverso: la familia en el poder es chií, pero la mayoría de la población es suní.

El actual sistema de gobierno iraní se implantó después de que la revolución de Jomeini derrocara al régimen del Sha, una monarquía dictatorial, en 1979. Inicialmente, el nuevo gobierno iraní se basó en el liderazgo prácticamente absoluto del Líder Supremo de la Revolución, siendo el resto de cargos e instituciones meros edecanes o ejecutores de su voluntad. Sin embargo, tras su muerte, ocurrida en 1989, esta dictadura personal sufrió drásticos cambios. Como sucesor de Jomeini, las élites del régimen, los ayatolás y la guardia revolucionaria, aceptaron a Jamenei, en aquel momento Presidente de la República. Eso sí le impusieron unos poderes más circunscritos que a los de su predecesor.

¿Cómo se distribuye el poder entre las instituciones iraníes? Pues la vigente constitución expone una rudimentaria separación de poderes. Hay una judicatura, coronada por un Tribunal Supremo, cuyo acceso se encuentra fuertemente condicionado por formación religiosa integrista y, por supuesto, aplica leyes del mismo signo. De ese modo se garantiza una justicia conservadora.

El poder legislativo queda principalmente en manos de la Asamblea Consultiva, votada directamente por los ciudadanos y encargada de aprobar las leyes. En cuanto al gobierno, lo encarna un Presidente también directamente elegido por el pueblo. Si en una primera votación nadie obtiene mayoría absoluta del voto popular, hay una segunda vuelta electoral en que los ciudadanos eligen entre los candaditos más votados. Las mujeres votan, tanto al Presidente como a la Asamblea, eso sí la presidencia y muchos puestos de poder del régimen exigen la condición masculina.

El Líder Supremo tiene que confirmar al candidato ganador de las elecciones, gozando de un teórico derecho de veto, nunca ejercido. Una vez confirmado, el Presidente forma a su gobierno compuesto por ministros y vicepresidentes que debe buscar la confianza de la Asamblea. El trámite no está muy detallado en la carta magna, pero se sobrentiende que en caso de no obtener la confianza parlamentaria, el Presidente debería probar otra vez con otros nombres para el gabinete.

«Dentro de los límites ideológicos del régimen, la Asamblea y el Presidente son los órganos más accesibles a los que podríamos llamar reformistas del régimen»

Dentro de los límites ideológicos del régimen, la Asamblea y el Presidente son los órganos más accesibles a los que podríamos llamar reformistas del régimen. De ahí que estén estrechamente controlados, para que el status quo no varíe.

Antes de entrar en vigor, las leyes de la Asamblea se remiten al Consejo de Guardianes, integrado por 6 alfaquíes, esto es juristas expertos en la ley islámica, propuestos por el Líder Supremo, y otros 6 juristas propuestos por los jueces del país. Para entendernos se trata de una especie de “tribunal constitucional”, que anula cualquier iniciativa legislativa excesivamente progresista.

Por cierto, este Líder Supremo, Jamenei, ¿qué poderes tienes? Pues bastante amplios, puede destituir y nombrar a una gran cantidad de cargos. Tiene pleno y directo control sobre el ejército y la Radiotelevisión de la República Islámica; pensemos que en Irán no hay libertad de prensa, ergo, controla los medios de comunicación. Tiene el poder de convocar referéndums. La constitución le habilita para condicionar y limitar el programa del gobierno, fijando las líneas políticas generales del país. También puede conceder indultos o reducir penas, lo que se suma a su poder de nombramiento y destitución de las cúspides del poder judicial.

¿Quién nombra a este señor? Pues una especie de colegio cardenalicio de 88 miembros, denominado Asamblea de Expertos. En teoría este órgano no sólo nombra al Líder Supremo, sino que tiene mandato constitucional de controlar su actividad y, llegado el caso, podría cesarle. ¿A qué ya adivináis que hay truco? Pues claro. Estos expertos, de nuevo pertenecen al estamento religioso, y son votados por listas por el pueblo… eso sí, las listas deben ser aprobadas por el Consejo de Guardianes y su elección aprobada por el Líder Supremo. En la práctica, este órgano apenas se reúne un par de veces al año y, en lugar pedir informes al Líder Supremo sobre su actividad o fiscalizarle de cualquier forma, suele acudir a él para todo lo contrario: pedir su consejo y alabarle.

Más importante por sus funciones, que no su independencia, es el Consejo de Descernimiento de Convivencia. Compuesto por 38 miembros nombrados todos ellos por el Líder Supremo, este órgano asume por delegación muchas de las funciones del cargo que actualmente ostenta Jamenei y también tiene encomendada la tarea de asesorarle. La constitución impone que el Líder Supremo lo consulte cuando haya un conflicto constitucional entre la Asamblea y el Consejo de Guardianes, antes de tomar una decisión, si bien no está condicionado por su dictamen, ni en este ni en ningún otro caso.

Por si con todo esto no bastaba, existen un sinnúmero de consejos para las provincias, o determinadas áreas de gobierno, muchos de ellos permanentes, otros provisionales que aseguran la hegemonía del ala más ultraconservadora del régimen aunque esta pierda las elecciones.

«cuando los conservadores ganan las elecciones, como el anterior presidente, todo va como una seda. Cuando los reformistas llegan al poder, el caso actual, aparecen tensiones entre el Líder Supremo y la Asamblea y la presidencia»

En definitiva, el régimen iraní se mueve entre dos escenarios políticos: cuando los conservadores ganan las elecciones, como el anterior presidente, Ahmadineyad, todo va como una seda. Cuando los reformistas llegan al poder, el caso actual con el Presidente Rohaní, aparecen tensiones, más o menos constantes, entre el Líder Supremo y la Asamblea y la presidencia. Gobierno y parlamento intentan impulsar reformas y estás, suelen ser drásticamente recortadas por Jamenei y los otros órganos integristas del régimen.

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