En Italia, la Corte d’Appello di Milano acaba de dictar una sentencia que ha sido definida como «histórica para las parejas homosexuales».

Pero vayamos al origen y hablemos de Luca. Porque la historia de Luca es la historia de un amor, de una vida, de una muerte y de un Tribunal que ha administrado justicia.

Luca nació en Estados Unidos, hace casi once años, mediante gestación por sustitución o gestación subrogada (GS) (gestazione per altri, GPA). Sus padres, Corrado y Giulio, se casaron en 2013, también en USA dado que su país no aceptaba el matrimonio igualitario. Dos años después, Giulio murió de un ataque cardíaco. Tenía 40 años y faltaban unos meses para que Italia reconociese el derecho de las parejas homosexuales a unirse civilmente. Luca, huérfano de padre desde los cinco años, vive en las cercanías de Milán con Corrado, su padre biológico. Su otro padre era el padre intencional, lo que significa que, para el estado italiano, Giulio no guardaba relación alguna con el niño. Vivo o muerto da igual, nunca había existido como padre.

Corrado no aceptó la situación. Su hijo tenía derecho a ser reconocido como hijo de Giulio y a los beneficios que tal filiación supusiera. Incluidas prestaciones sociales como la pensione di reversibilità (pensión de supervivencia) en cuanto heredero directo del fallecido. El Istituto Nazionale della Previdenza -INPS-, equivalente a nuestra Seguridad Social, reconoce como beneficiarios de la pensión a los hijos legítimos, adoptivos o naturales legalmente reconocidos. Luca no cumplía estos requisitos y se rechazó la solicitud. Ante la negativa, Corrado acudió a la vía judicial. Desde el primer momento los tribunales le dieron la razón, pero el Estado recurrió, llegando el caso al Tribunal de Apelación de Milán que ha terminado fallando a su favor.

La Sentencia 803/2020, dictada a finales de enero, es realmente histórica para los nuevos modelos familiares: el niño tendrá la pensión de supervivencia de su padre fallecido. Los jueces obligan al Istituto Nazionale a garantizar a Luca la pensión de un progenitor que la ley italiana no reconoce. Dicho de otra manera, la filiación intencional, aún cuando no sea aceptada por el Estado, no modifica los derechos de los menores, que no pueden ser tratados de forma diferente en función de su familia ni de cómo han venido al mundo.

El abogado del caso lo resume a la perfección: «la justicia obliga al INPS a otorgar a esta familia los mismos derechos que reconoce a cualquier otra familia. Las familias arcoíris no solo experimentan la alegría y la emoción de ser padres. También experimentan dolorosos conflictos matrimoniales o viven los dramas de una muerte inesperada y prematura».

En su caso, por encima de cualquier otra consideración, ha primado el interés superior del menor, el favor minoris. Los magistrados lo han tenido claro y su decisión es una llamada de atención a quienes olvidan que hablar de GS es hablar de menores y de derechos.

En esta línea, en la Universidad de Salamanca se ha realizado una magnífica webinar sobre el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y Gestación por Sustitución. Como es sabido, el TEDH ha manifestado, reiteradamente, la obligación de los Estados de reconocer la filiación intencional de los menores nacidos por GS y hacerlo en forma rápida y efectiva. Un deber que incumplen muchos países europeos, incluida España.

La conferencia, organizada por la profesora de Derecho Internacional Privado, Antonia Durán Ayago, contó con la presencia del profesor Javier Carrascosa González, Catedrático de Derecho Internacional Privado de la Universidad de Murcia.

Don Javier, de certero y acerado verbo, dejó varias máximas para la reflexión, entre las que cabría destacar una. «La ley reina, pero la jurisprudencia gobierna», nos dijo. Una verdad ajustada a derecho, pues son los tribunales los encargados de interpretar la ley en función de lo verdaderamente relevante y de poner remedio a la obsolescencia legal. Y es que los políticos suelen ser perezosos. Pereza alimentada por las encuestas electorales, el está prohibido o el siempre ha sido así. Pero la vida de las personas no se detiene por la indolencia de las autoridades. No regular cuestiones que nos afectan directamente hace que la brecha entre lo que es de hecho y de derecho aumente día tras día. La dejadez legislativa se traduce en un decalaje continuado entre la ley y los cambios sociales, de forma que toca al poder judicial asegurar que las viejas normas no hagan daño a las nuevas vidas.

Cosa que ha hecho el Tribunal italiano.

La regla de no discriminar en razón de nacimiento es ignorada con frecuencia y los hijos de familias como la de Giulio y Corrado son marginados y tratados como bastardos en pleno siglo XXI. Luca es pequeño, pero su sola existencia ha logrado que los derechos de las familias LGBTI+ hayan dado un paso más hacia la igualdad. Mutatis mutandi, los jueces de Milán tal vez no hayan podido cambiar todo lo que es preciso. Pero sí han hecho lo preciso para ser justos. A Luca le dijeron que era un bastardo. Un niño con menos derechos. Ahora sabe que no es así, que no es diferente. Sabe que es un niño como otro cualquiera.

Se lo ha dicho la Justicia.

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