Después de 98 días ha terminado el maldito estado de alarma que ha triturado nuestras libertades como ciudadanos españoles por culpa del coronavirus y por la nefasta gestión sanitaria y democrática de un gobierno que ha perdido el crédito -que no la legitimidad- que ganó en las urnas ante millones de ciudadanos españoles. Pobres o ricos. Patriotas como los de Nuñez de Balboa o agnósticos de la bandera como yo. La crisis del coronavirus ha conseguido que, mientras todo el mundo se ponía la máscarilla se quitara la máscara y, las monedas de plata y los favores han quedado sobre la mesa, al descubierto.

Una crisis sanitaria ha resultado el evento social de nuestro tiempo. Toda la gente sufridora (no han entendido bien la herencia católica del arrepentimiento y la penitencia) que llevaba años comentando en artículos en prensa especializada cosas del estilo de “Nuestros abuelos vivieron la guerra, nuestros padres la transición; nosotros necesitamos un gran evento que marque nuestra generación”, cuando a lo que se referían era a tomarse unos minis de calimotxo mientras protestaban sobre cosas que no les iban a afectar a ellos se han encontrado ahora con la dureza de un evento histórico de verdad. La respuesta de los ciudadanos y el gobierno ha sido ejemplar en cuanto a experimento social se refiere: la libertad no es nada y la seguridad, sí. Mientras, los liberales económicos que llevaban años dando la tabarra con que si el estado nosequé y que si los impuestos nosecuantos han quedado, como diría Josep Pedrerol, megaretratados: lo único que les interesaba era la libertad de no pagar impuestos. “Por sus actos los conoceréis”. Lo único que hacían era pedir que se hubiera actuado antes. Mientras, en Alemania, Austria, Suecia… (En Europa, vamos) ni siquiera les han obligado a llevar mascarillas, sino a cubrirse la cara con algo.

Mientras, nosotros le ponemos una plaza a Fernando Simón en un pueblo de Huelva. La necesidad de héroes y mesías en esta época llena de nuevas adoraciones es alucinante. Los becerros de oro están cubiertos de purpurina y se venden online. Como las camisetas de la marca 198 Revolt Clothing (habitual en los líderes a la izquierda del PSOE) en las que se ve la cara de Simón con la característica lengua de Einstein fuera (¿hay método en su locura?) y con el lema (os lo juro, es literal) Fucking Master, algo así como puto amo (¿o Maestro en joder?). No seré yo quien critique al epidemiólogo de moda, que para algo dijo que Madrid tenía que pasar de fase una semana antes, mientras Illa se negaba, tal y como ha destapado El Mundo. Sí la necesidad de crear falsos ídolos. La campaña en redes sociales retratando a un señor que ya pinta muchas canas como una especie de osito de peluche ha sido deplorable, fruto de lo peor de internet. Casi como el twittero (o bot) que le ha contestado a Nuñez Feijoó a un vídeo con el lema “Galicia, Galicia, Galicia”, con un “Fuera nacionalismos” y quince banderas de España. Yo, a veces, pienso en los profesores de educación primaria que tuvo esta gente.

Mientras, el imperio estadounidense amenaza con desmoronarse a seis meses de las elecciones presidenciales debido a que una generación diseñada como la antítesis de la de nuestros abuelos (sufrir miserias y trabajar) ha decidido levantarse contra algo. No se sabe muy bien el qué. En el caso de que fuera el exceso de autoritarismo de la policía todos contentos. En el caso de que protesten contra estatuas de Cervantes, pues mira, no. Los cambios de opinión de muchos izquierdistas de pega cuando han grafiteado la estatua del autor del Quijote aludiendo a que en la URSS se le veneraba y en los Estados Unidos no, cuando estaban alabando a los agitadores solo una semana antes me ha dejado helado. ¿No saben todavía a dónde conducen los excesos? ¿Necesitan verlo? Quizá tenga algo que ver con ponerle nombre a todo para que deje de parecer malo. No lo llames cruising, te dedicas a quedar con desconocidos en un parque para follar rápidamente sin entablar ningún tipo de conversación, ni de vínculo, y ni siquiera bailas antes. La moda ya está llegando a España. Cuando escuché por primera vez el ‘What a Time to be Alive’ de Drake y Future no me esperaba esto.

La cultura como siempre es lo más afectado por todo esto. Me invitaron a la presentación de la nueva temporada de los Teatros del Canal con la edición número 35 de Madrid en Danza. Un acto emocionante por lo que representaba, pero un acto frío, como será todo a partir de ahora. La programación es increíble pero a ver qué pasa con los artistas y el público. Parece que demostrar ilusión está mal visto. El día que volvamos a estar en casa encerrados nos arrepentiremos de cada vez que nos afligimos estando fuera.

Total. Que termina el Estado de Alarma y vuelvo y pienso en qué momento hemos dejado de valorar la libertad, si alguna vez lo hicimos. Que cómo es que Franco murió en la cama. Pues así. Con el pueblo diciendo que sí a todo lo que venga desde arriba como si esta gente no supiera argumentar y ponerle un lacito a lo que dicen. Acabamos comprando camisetas de Fernando Simón mientras decimos adiós a nuestra conciencia crítica.

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