Si casi una década de estudio del Derecho en diferentes áreas me ha demostrado es que únicamente la Ley de Murphy resiste cualquier intento de incumplimiento. Cuando ya parecía seguro que votaríamos el 14 de febrero, solicité mi voto por correo. Gracias a mi firma/DNI digital –que os animo a pedir, facilita muchísimo la burocracia on-line– en cuestión de minutos despaché el trámite. Correos me advirtió que una vez pedida esta modalidad de voto, ya no podría votar en mesa. Al día siguiente llamaron a mi puerta y no, no era el voto por correo, sino el correo certificado que me anunciaba mi nombramiento como primer vocal de una mesa electoral.

Pese a que soy un poco cascarrabias para otras cosas, los contratiempos como este me los tomo con filosofía, o sea, con humor a granel.

«la Ley de Murphy resiste cualquier intento de incumplimiento»

Mi entorno lo llevó peor que yo. Uno tiene algún que otro tropezón de salud y me insistieron en que mirara si podía ahorrármelo. Buceé por las redes en los grupos de afectados. Entonces sí me hirvió la sangre. Había mujeres con embarazos de riesgo, gente con dolencias graves, personas con familiares dependientes y más casos de análoga gravedad a los que les denegaban la exención.

La historia que más me conmovió y hasta salió por televisión fue la de un señor que llevaba un año de baja recuperándose de un aneurisma que le había paralizado medio cuerpo. Sin pandemia el suyo sería, a mi entender, un supuesto claro de exención. En esa situación las necesidades ergonómicas y seguramente de ejercicios físicos diarios de rehabilitación parecen incompatibles con estar todo el día en una mesa electoral. Pues nada, también le dijeron que denegado, porque la COVID no agravaría su estado.

Entre este panorama y que no tenía ganas de cargarle el muerto a otro, ni siquiera lo intenté. Además cualquiera le dice a un catalán que no cobre 65 euros, aunque sea un andaluz-catalán, en este caso.

La verdad es que la jornada, al menos en mi colegio, fue bien, muy bien. Todas las mesas se constituyeron a la primera y mis compañeras de mesa fueron encantadoras. Nos hicimos el día ameno. Igual es porque el día a día en las aulas ya me ha hecho perder la preocupación por la COVID.

«cualquiera le dice a un catalán que no cobre 65 euros, aunque sea un andaluz-catalán»

La participación fue muy baja, ni la mitad del censo. A la hora maldita, vinieron literalmente tres personas y, algo me dice, que iban más despistados o presionados por el horario de trabajo que otra cosa. Los resultados, no me dicen ni fu ni fa… Tal vez empecemos a salir del bucle, tal vez no, tal vez un poco, tal vez nada…

He visto muchas cosas surrealistas desde que empezó la pandemia… la mayoría de ellas por mala organización. Y he echado en falta urnas seguras en residencias y hospitales, cosas así… Me parece que no habría sido difícil, como tampoco lo habría sido argumentar un buen aplazamiento de la convocatoria.

En fin, a lo hecho pecho… ¿Se aprenderá algo? Lo dudo mucho.

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