En el año de Nuestro Señor de 2020, mis hijos han vuelto a cabalgar, libres, por el reino de los hombres.

Como yo, son antiguos. Forman parte de leyendas y religiones. La Biblia los describe en el fin de los tiempos y Durero los plasmó, en toda su grandeza, grabados al blanco y negro. Han dado lugar a relatos, poemas, películas y pesadillas. Son el alfa y el omega.

La élite humana cree que solo galopan por la aridez del cuerno de África; por las dictaduras sudamericanas; por los absolutismos religiosos asiáticos. Piensan que en su primer mundo están protegidos por algún tipo de escudo virtual. ¡Estúpidos! Su ciega arrogancia les impide ver que sus avances hacen más fácil que juegue con ellos.

Los humanos solo han sabido evolucionar en la autocomplacencia y el derroche. No han aprendido respeto a la vida, a la tierra, a ellos mismos. Por eso puedo volver una y otra vez. Como ahora, cuando ha bastado un virus coronado para desatar mi apetito y permitir que mis hijos galopen de nuevo. ¡Miradlos!

 

En la noche de los tiempos
cabalgan cuatro jinetes
con majestuoso trote
a lomos de sus corceles
en el vacío del viento…

(Pippo Bunorrotri)

 

Sobre su caballo negro: El Hambre.

Dominadora, su oscura avidez lo impregna todo. La pandemia amenaza con provocar hambre a más de 80 millones de personas. En cerca de 25 países alcanzará niveles «devastadores» y se estima que cerca de 6.000 niños podrían morir al día por causas prevenibles relacionadas con la alimentación.

En España las colas del hambre, por minutos más largas, han regresado a nuestras calles. Miles de personas acuden a diario para ocupar un lugar en las filas de beneficencia de Cáritas, Cruz Roja y otras oenegés y asociaciones vecinales. Ni siquiera trabajar asegura poder comer cada día. Las personas con empleo son ya el grupo más numeroso entre los pobres y eso que la Red Europea contra la Pobreza cifra en 4.3 millones los españoles que estarán en situación de pobreza severa este año. Hambre y pobreza van de la mano. El virus se irá, pero ellas se quedarán mucho tiempo entre nosotros.

 

Dominando su caballo Rojo: La Guerra.

Sí, la guerra. Distinta, pero guerra al fin. Alimentada por virus y rencores, crece robusta en los despachos oficiales y entre los discursos de esos aprendices de brujo llamados asesores.

«La respuesta de España al coronavirus se vio obstaculizada por una atmósfera política muy partidista y un sistema sanitario regionalizado que carecía de coordinación central», se lee en un artículo del Financial Times. La clase política española ha estado -está- más pendiente de sus luchas intestinas, sus trifulcas y emboscadas que de la gente a la que dice servir. La Guerra progresa cuando al vecino se le llama enemigo; cuando el tejido social paga las batallas políticas; cuando los egos importan más que la crisis económica y sanitaria que nos azota.

 

Montando su caballo Amarillo: La Muerte.

Insaciable, arrastra tras de sí jirones de almas. Su guadaña ha recorrido el mundo, pletórica de sangre, segando vidas. En España acabaremos el año con más 50.000 muertes oficiales por Covid-19. Aunque son más. Muchas más. Muerte ha tenido trabajo. Por el covid, sí, y por los efectos secundarios, que dicen los expertos. No aparecerán en las cifras estatales, pero cáncer, infartos, hemorragias, SIDA y un largo etcétera han pagado su peaje a la crisis y añadido al total un buen número de cadáveres. Ya se sabe que, a río revuelto, ganancia de pescadores. Y la Señora sabe pescar muy bien entre la enfermedad, el miedo, la mala política, los recortes sanitarios y las diferencias sociales.

 

Rutilante en su caballo Blanco: La Conquista.

No, no se trata de conquistar territorios ni de someter reinos. Se trata de conquistar poder. PODER con mayúsculas. Poder económico. Poder político. Las crisis son puntos de inflexión que afianzan el sistema de castas. Los mesías, los salvadores, las aprovechan para levantar sobre ellas sus nuevos imperios y, aun cuando no se les vea recubiertos de terciopelo y armiño, reinan. Reinan desde la televisión, en hipnóticos mensajes de exaltación al líder. Reinan desde la prensa o twitter, usando su inmediatez para afianzar su dominio. Reinan desde los mercados y la riqueza, sometiendo por la fuerza del dinero.

Como sea, el poderío de los nuevos césares avanzará con el virus mientras su legión de lameculos y aduladores tratará de convencernos de su buen corazón y de cómo hacen todo por nuestro bien.

 

Violando calles y plazas,

Cuatro jinetes avanzan…

Porque los humanos no tenéis arreglo.

Una y otra vez, desgracias y crisis sacan lo mejor de vosotros, pero también lo peor. Y cuando lo peor empieza a vivir de vuestro egoísmo, Yo abro las puertas y los cuatro salen, exultantes, para destruir vuestros sueños.

 

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En España, 12.3 millones de personas, el 26% de la población, se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social.

Cuando acabe el año y, tras las doce campanadas, nos prometamos otro comienzo, recuerda que uno de cada cuatro españoles tendrá pocas razones para celebrar. Recuerda que el dolor y la pobreza se heredan. Recuerda que todo seguirá igual si no lo cambiamos nosotros.

Nada está escrito. Lo que ha de venir depende de nuestras decisiones. Como individuos sociales, incluso actuando solo sobre nuestro círculo más próximo, podemos generar cambios que traigan otros futuros. Hagámoslo. Es nuestro verdadero privilegio.

 

Desde esa esperanza, os deseo Feliz Año Nuevo 2021.

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