Ese es el primer gancho que te mete la camiseta de este orgulloso club de Bérgamo, en lo que se fijan tus ojos cuando examinas ese trozo de tela neroazzurri es en esa sentencia bordada en el interior del cuello: “la maglia sudata sempre”. Como una especie de mantra o, mejor dicho, una advertencia para todo el que tenga el valor de enfundársela. En el momento en que lees esa frase, sabes que todo el que la viste pertenece a un club especial que defenderá con uñas y dientes a todo el que así se lo gane por derecho. No importa el resultado, ni los títulos, ni tan siquiera la pérdida de categoría, siempre y cuando durante todo ese proceso se haya sudado esa camiseta. En Bérgamo fallar está permitido, rendirse no se contempla. La indolencia es lo único que no perdonan los tifosi de este modesto club lombardo que durante esta temporada está maravillando a propios y extraños. Los triunfos con sudor y sangre siempre saben mejor, aunque sean más escasos. A lo largo de todo el continente, y por culpa de esta mentira en la que se está convirtiendo el fútbol moderno, escasea la raza, la identidad o la pasión algo con lo que en Bérgamo no se negocia.

«La indolencia es lo único que no perdonan los tifosi de este modesto club lombardo que durante esta temporada está maravillando a propios y extraños»

En la Serie A, Europa es propiedad de las antaño conocidas como las Siete Hermanas del Calcio (Juventus, Milan, Inter, Lazio, Roma, Fiorentina y Parma), pero los de Gasperini desafiaron la pasada campaña a la tradición y consiguieron meterse en Champions. Encuadrados en el Grupo C junto con City, Shakhtar o Zagreb, muchos pensaron que el Atalanta iría poco menos que a hacer turismo por el viejo continente. Error. Estos son de los que aprovechan las oportunidades históricas que nadie les regala. Yo, seguidor de la Serie A desde hace bastantes años, me moría de ganas por ver el papel que realizaba el Atalanta en Champions. Y, como mi intuición me dijo, no me decepcionaron. A lo largo de la fase de grupos, contemplé con deleite como el aficionado al fútbol era conquistado por el fútbol de los muchachos de Gasperini. Veía desde fuera el flechazo que provoca el vértigo desatado por esta escuadra, el típico equipo que haces tuyo cuando tu club cae eliminado. El Borussia de Klopp o el Ajax de Ten Hag son ejemplos pretéritos de este fenómeno que comento, te enamoras a primera vista de esos equipos porque todos tienen algo en común: son valientes y llevan sus ideas futbolísticas a la máxima expresión. Antes muertos que traicionarse a sí mismos.

«…son valientes y llevan sus ideas futbolísticas a la máxima expresión. Antes muertos que traicionarse a sí mismos»

Tras superar el primer envite, pisaron los octavos de final y el sorteo de diciembre quiso emparejarlos con un Valencia que ya se relamía. Pero Antonio Percassi, el presidente del Atalanta, declaró con una absoluta certeza que “el Valencia era el mejor regalo de Navidad que les podían hacer”. En España, las declaraciones fueron tomadas a risa y a Percassi se le trato como a un loco iluso con ínfulas e infinita chulería. Ni por asomo, el bueno de Antonio sabía perfectamente lo que decía ya que en la eliminatoria el Atalanta desató su tormenta y le endosó 8 goles en dos partidos al cuadro ché. Es cierto que encajaron cuatro goles, porque al final sacrifican la retaguardia conocedores de que siempre se impondrán en vanguardia. El pase a cuartos de final, sirvió para que el espectador comprobase lo que los analistas venían avisando. Su rival en la siguiente eliminatoria es el PSG, un gigante con ansias de reconocimiento que mira a los pequeños bergamascos por encima del hombro. Otro error, convendría que se contase en el vestuario parisino la historia de David y Goliath antes de osar dar por muerto a este equipo de soldados.

El éxito de este equipo, reside en la paciencia y la confianza en un proyecto. Se confió en Gian Piero Gasperini, un entrenador italiano que fracasó en alguno de los mejores equipos del Calcio, y encontró su lugar en el mundo. Jugadores como Duván Zapata, Muriel, Pasalic, Hateboer o Gosens, desconocidos por el gran público, deben su estado de forma a Gasperini. Ya que el sabio allenatore consiguió convertirlos en piezas indispensables que encajan perfectamente y que forman la máquina perfectamente engrasada y reconocible que es este Atalanta. Mención aparte merece Alejandro “el Papu” Gómez, el “10” de esta escuadra y que representa todo lo que está bien en esto del fútbol. Un tipo hecho así mismo, un currante del balompié que además atesora una calidad innata que resta importancia a esos 165 centímetros que levanta del suelo y que para cualquier otro jugador podrían ser prohibitivos a la hora de enfrentarse a los rocosos defensores del Calcio. Verlo jugar es un lujo, derrocha inteligencia y se atreve a hacer cosas que solo los genios ven antes que el resto de los mortales. Es como ese canchero que juega en tu equipo del barrio y que tiene casi sesenta años, al que no le hace falta físico para destacar por encima de resto. Conoce este oficio, es de la especie en peligro en extinción a la que también pertenecen Santi Cazorla o David Silva, jugadores que dominan la pausa a su antojo y a los que la FIFA debería investigar genéticamente para clonarlos y así podamos disfrutar durante más tiempo de este deporte. No son estrellas en este mundo del fútbol, al Papu no le hace falta ya que dentro del Atalanta es una constelación entera.

«Este año han batido récords en Italia que no estaban hechos para ellos, incluso en tramos de la temporada miraron a los ojos a esa Vieja Señora que devora Scudettos sin decoro alguno»

Este año han batido récords en Italia que no estaban hechos para ellos, incluso en tramos de la temporada miraron a los ojos a esa Vieja Señora que devora Scudettos sin decoro alguno. La Dea, la Diosa, como se le conoce a este equipo por la deidad que refleja su escudo todavía no ha dicho su última palabra en Europa. Llegarán a Lisboa con la ilusión desbordada y con la valentía por bandera, asegurando espectáculo a sus tifosi. Hay innumerables razones por las que amar a este Atalanta, no hay que tener reparo alguno en vestir su camiseta pues ellos la regarán con sudor siempre y esperemos que con champán en la celebración de una Orejona que sería histórica para Bérgamo. No habría mayor ofrenda para una ciudad que ha tenido que luchar a cara de perro contra esta maldita pandemia que nos asoló durante este infausto año. Verdaderos héroes que, como el Atalanta, no han negociado con su esfuerzo y sudor para vencer a cualquiera que amenazase su existencia. Recordad, porque ellos siempre lo harán, “la maglia sudata sempre”.

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