En el caso de la Ley Trans es mucho más fácil de lo que parece, pero hay que leérsela antes de criticar. Por un lado, hay que tener claro la diferencia entre sexo y género.

El sexo es la diferencia biológica, en la especia humana: hombre, mujer e intersexual (el tercer sexo o, referido en la ley, como neutro). Este último el gran olvidado de las siglas LGTBI. Las personas que, de forma natural, se quedan en una formación intermedia en sus genitales. Después está el género que, según la RAE, es un “constructo sociocultural”, por lo tanto, cambiante entre culturas y épocas.

«Esta ley se establece como principio de la realidad trans, que es una vivencia en la cual una persona está atrapada en un cuerpo que no le corresponde»

Esta ley se establece como principio de la realidad trans, que es una vivencia en la cual una persona está atrapada en un cuerpo que no le corresponde. Lamentable, hasta hace bien poco, la OMS la consideraba una enfermedad llamada “disforia de género”. Como los tiempos
cambian, se quitó de la lista de enfermedades psiquiátricas; como se hizo anteriormente con la homosexualidad y la histeria femenina.

Esta le y llega para dar unos derechos de registro que ya tienen jurisprudencia por el Tribunal Constitucional: la libertad plena de ejercer la identidad de las personas, incluidas las personas mayores de 16 años. Es por ello por lo que el cambio de registro de sexo y de nombre es contemplado en la ley, pero solo en el registro. En lo que a la parte médica se refiere, no.

Actualmente en España cualquier menor para cualquier proceso médico, necesita el consentimiento de los padres ¿Qué padre no firma un consentimiento para una rinoplastia
porque se ha roto la nariz jugando al fútbol?. Además, estará llevada a cabo por una serie de profesionales con formaciones específicas en identidad y expresión de género (cómo somos y sentimos y cómo nos mostramos al mundo respectivamente— según nuestro sexo,  género y orientación sexual), para asegurar una transición segura y eficaz en todos los casos sin llegar a patologizar algo que no lo es.

Distinto es un punto que resulta muy interesante: la no disposición de nombres para hombres y mujeres. Esta opción, aunque nos parezca de manera cultural un poco chocante, es ideal para que una persona con una vivencia trans pueda ser referido en un comienzo para
ver si se siente a gusto con esa forma de que le designen. Como a modo de prueba. Y que
luego, si realmente se ve necesario, pueda cambiarse el sexo biológico y comenzar así una
transición, o reasignación de sexo, si lo quiere.

Más interesante todavía me parece el  empleo de la discriminación positiva, herramienta que ya se utiliza en otros colectivos con trabas a su inclusión en nuestra sociedad, en las que se “bonificará a las empresas que hagan indefinido a personas trans”. Siendo una herramienta importantísima para integrar y poder entregar una equidad a aquellas personas que, actualmente en España y según estudios de varias asociaciones LGTBI y el INE, disponen de un 85 % de desempleo en nuestro país.

«Por otro lado, la ley también recoge la opción no disponer carácter retrospectivo en los
asuntos legales y jurídicos»

Por otro lado, la ley también recoge la opción no disponer carácter retrospectivo en los
asuntos legales y jurídicos. Es decir, si un maltratador lleva a cabo un crimen de violencia
machista, este será juzgado (aunque se registre con posterioridad al cambio de sexo) como
varón, no poniendo en peligro la Ley de Violencia de Género, si no que más bien
complementándola con este y otro fin. ¿Cuántas mujeres trans mueren a manos de sus parejas hombres?.

Invito a todo el mundo, por tanto, a leerse el borrador de la llamada Ley Trans, la cual tiene aspectos muy positivos para la mejora de su situación en nuestro país. Sobre todo, en
ámbitos educativos y laborales. Amén de una intención clara de despatologizar unas
realidades que son, por derecho en la carta de los Derechos Humanos, tan validas como
cualquier otra, pero que han tenido años de discriminación y vejación en nuestra sociedad.
La única crítica que hago a la actual ministra Irene Montero es su falta de acción de
promoción y explicación, porque, francamente, si no se explica de una forma clara y no se
promociona una ley, luego vienen comentarios…

Sí señores y señoras, una persona podrá cambiar de sexo, que no de género, cuando
guste. A fin de ser una persona íntegra y con unas protecciones que garanticen su integración
en esta sociedad que, ya hace mucho, que pide ciertos cambios que deben de llegar

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