Hace no mucho estuve a punto de morir. Me ayudaron personas muy diferentes las unas de las otras y con las que no compartía pensamiento, entre otras cosas. Decidí ver el lado bueno de la gente e intentar que los demás fueran un poco más felices. Para ello, me hice una nueva cuenta en Twitter, para devolver a los demás lo que a mí me dieron, apoyo, risas, días llenos de diversión que me animaron a salir de la depresión tan grande que me quería hundir. También la hice para huir de la gente estúpida y amargada. De sabelotodos, moralistas y seres celestiales. Para no tragar insultos, críticas y malas formas. Mi estado físico y mental aún eran muy débiles, no podía permitirme ni un atisbo de negatividad. En resumen: huir de los gilipollas. Estoy en una época de mi vida en la que ya no doy lecciones de moral porque no quiero recibirlas. Pero parece que hay gente a la que les ha picado la araña de la docencia, el virus de la cátedra. Tocados por la mano de Dios. Personas que viven predicando el 90% de su día.

«Estoy en una época de mi vida en la que ya no doy lecciones de moral porque no quiero recibirlas. Pero parece que hay gente a la que les ha picado la araña de la docencia, el virus de la cátedra»

En la cuenta que he hecho solo publico cosas divertidas, bonitas, increíbles… y más o menos todo de ese rollo.

Una vez publiqué una foto de unos perritos huérfanos que adopté. Dije algo así como que ahora yo sería su mami. Pues entró el típico tocapelotas citando mi tuit y diciendo que no estaba yo muy bien de la cabeza. Supongo que en su privilegiada mente enfermiza me imaginaba dando la teta a los perretes y cambiándoles el pañal; y claro, no compartirlo para el disfrute de sus macacos sería algo imperdonable. Bien sabido es que los líderes para ser queridos deben dar pan y circo a su pueblo; y a falta de pan, buenos son los payasos. Si hubiera respondido al tuit, le habría respondido con educación, pero no, su plan era que todos conocieran y lincharan a la loca de los perros. Éste se quejaba del acoso escolar y de otros acosos que se sufren en su país. No sé cómo consigue darse la vuelta en la cama mientras duerme teniendo semejantes pelotas.

«Sentido figurado» una frase que el mozuelo no habría oído en su triste vida. Salió mucha gente de la buena a defender mi tuit. También salieron un puñado de come mocos a reírle el tuit al amigote. Entre ellos un cura. ¡Un cura! Aquí se mofan de los demás hasta los siervos de Jesús. Válgame el cielo…

Si solo fueran risas, hasta ahí llegaba mi capacidad de «rebota, rebota y en tu culo explota» para pasar de esa panda de cuadrúmanos, pero los insultos llegaron a ser demasiado hirientes y en masa. Que se me llenara el cajón de las notificaciones tampoco ayudaba mucho a mantener mi intención de no reportar ni bloquear a nadie.

El mejor de los críticos fue uno que días antes había publicado la muerte de su perro. Menuda despedida, ni a su pobre abuela la habrá despedido así. Sin embargo le hacía gracia pensar en mis peludos como mis hijos.

Su perro era un familiar, mis perrines eran una broma absurda. Qué santos huevazos tienen algunos. Pero, todo sea por contentar al que tiene 20 mil seguidores y te sigue. Lo mismo un día baja de su pedestal virtual y te echa unas migajas en forma de likes.

«Con esta cuenta he conocido a gente simpatiquísima, maravillosa, con historias muy duras. De todos los colores políticos, edades, orientación sexual, raza, país, etc. Me recuerdan a esa gente que me salvó la vida y me ayudó a sonreír a pesar de mis cicatrices y todos los dolores»

Con esta cuenta he conocido a gente simpatiquísima, maravillosa, con historias muy duras. De todos los colores políticos, edades, orientación sexual, raza, país, etc. Me encanta tenerlos. Me recuerdan a esa gente que me salvó la vida y me ayudó a sonreír a pesar de mis cicatrices y todos los dolores. Se da cuenta una de que la mayoría de las personas tienen corazón, tienen algo interesante, todas aportan, todas pueden dar y enseñar algo. No saben qué opino sobre los temas que les interesan y aún así me dan su apoyo y cariño. Por eso siempre pongo por delante a la persona que a sus ideales. Porque sus opiniones pueden variar con el tiempo, o porque creen firmemente que sus ideas harían de este mundo un lugar menos mierda. Y eso para mí es lo que vale. Pasé muchos años odiando a gente, y finalmente descubrí que ellos también sufrían. Con el tiempo también me vi en el pellejo de más de una. A ver, siempre queda hueco para una croqueta más. Claro que tengo un rinconcito reservado para defecar en las astas de algunos. No soy perfecta ni pretendo serlo. (Bueno, sí, pero no me sale) Por eso a veces ese rinconcito se convierte en un campo de fútbol en el que metería a esa panda de fracasados mentales, lo cerraría como las puertas de Moria y lo lanzaría a Plutón.

Pero, si algo he aprendido a base de tropezar con ellos miles de veces, es que no se puede huir de los gilipollas.

Intentaba conseguir un mundo sin gente cruel, lo que viene siendo en Twitter nada más, vaya, porque se está convirtiendo en nuestro mundo sin darnos cuenta. Quizás debamos pensar a veces que esa persona que tuitea hoy mañana puede salvarte la vida o hacerte sonreír cuando más lo necesites. Menos al que me machacó con lo de mis perrines, a ése hay que meterlo en el hueco de las croquetas…

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