La investidura de Pedro Sánchez (la última) ha sido como un apretar los dientes antes de que pase algo. Empezó los días 4 y 5 de Enero y pretendí escribir algo de los debates. Deseché rápidamente la idea porque no hay nada más viejo que una noticia de ayer. Los debates pasarían como pasan todos: las discusiones con tu novia, las broncas en el trabajo, una pelea de borrachos en un bar. Importa lo que queda. Pedro Sánchez sigue siendo Presidente del Gobierno con todas las de la ley. Antes también lo era.

Como eso es lo único importante había que sacárselo de encima. Ahora sí se puede mirar los detalles, como si estuvieras delante de Las Meninas, aunque la política española actual se parece más a los Fusilamientos del 3 de Mayo de Goya. Parece mentira que en algún momento la política española se decidiera en placenteras estancias palaciegas y no fuera el sindiós de fango y miseria y odio que retrató Goya. Para el Guernica ya solo quedaba cerrar los ojos al horror.

Uno de esos detalles que han corrido el riesgo de hacerse protagonistas de un cuadro, como el reflejo de Velázquez, ha sido la incapacidad manifiesta de la derecha española para saber perder. Hay veces que vuelvo a casa en Uber después de una noche demasiado larga pensando que he estado increíble: unas conversaciones impecables, un negocio que puede salir en un futuro, la he clavado bailando con esa chica. A la mañana siguiente me despierto y mientras la cafetera italiana empieza a hacer su trabajo descubro la realidad, el circo del que he sido parte hace apenas unas horas. Por suerte, todavía, nadie me graba. Inés Arrimadas va a tener la posibilidad de verse demasiadas veces suplicar con la mirada desencajada que alguien traicionara a Sánchez. Los de Vox se creen que un tío de Teruel que ha llegado al Congreso de los Diputados no haciendo lo que los otros miles de habitantes de Teruel se va a achantar porque le insulten y amenacen unos descerebrados. El que no debe de plantarse nunca delante de la cafetera italiana a compadecerse es Aitor Esteban; el buen hombre es una máquina parlamentaria. Me encantaría invitarle a una cena a su redactor de discursos, el verdadero tapado del Congreso.

A la calle -en general- intenta salir uno llorado de casa. Hay veces en las que a uno le sobrevienen los acontecimientos en mitad de la jornada y no tiene otra que romper a llorar. Me pasó a mí cuando entré a escribir en Mondo Sonoro (¡en papel!), le ha pasado a Pablo Iglesias en el Congreso de los Diputados soñando con un maletín de Ministro. El papel del BOE es casi mejor que el de las revistas. Ninguno es mejor que el papel de los billetes. Al final todos lloramos un poco por eso.

Pedro Sánchez será Presidente del Gobierno y hace falta -ideología aparte- rendirse, aunque solo sea hoy, a su determinación. Siempre comento que si hay una posibilidad de que salga bien su gobierno no es por las argucias de Iván Redondo, el nuevo eurocomunismo de Podemos ni por la reconversión de ERC (un día creo que puede darse, otro que soy imbécil) a partido serio de izquierdas. La clave del gobierno de Sánchez será, para bien o para mal, su ambición. Si quiere -y quiere- estar en Europa dentro de diez o quince años tomando las decisiones de verdad tiene que hacerlo bien en este simulacro de Gobierno que son las democracias europeas. Una ambición de la que Rajoy parecía carecer, y tampoco le fue mal. Los que se hunden son los ilusos y las medias tintas, los que quieren cambiar las cosas de verdad para todos. Porque a nadie le gusta que las cambien por él; al contrario, todos queremos ser protagonistas de nuestro progreso. Con Sánchez quiero estar tranquilo de que, si le va a cambiar a alguien la vida de aquí al final de la legislatura, va a ser a él.

Unos apuntes que oscilan entre la boutade y la verdad (como todo):

  • En el sueño de Errejón de subir a lo más alto se ha perdido en el gallinero.
  • El día que Abascal y compañía se comporten como un partido político de verdad estarán en el Gobierno.
  • Podemos ya lo ha entendido. Asaltar los cielos es una idea contemporánea, de cuando se inventó el ascensor. Se vive mejor en las primeras plantas que en las buhardillas bohemias. Solo hay que ver un par de palacios para darse cuenta.
  • Es aburrido para el espectador que haya tantos partidos en el hemiciclo porque no hay tantas ideas diferentes de forma natural y el observador se da cuenta, y rechaza los excesos. Que se lo digan a ERC y Bildu.

Aina Vidal, una diputada de En Comú Podem, ha ido a votar hoy poco después de que le diagnosticaran un cáncer muy agresivo. Tiene 34 años. La ovación del Parlamento por sobreponerse a su enfermedad e ir, presencialmente, a posibilitar el gobierno de izquierdas con el que sus votantes llevan soñando un lustro, ha quedado empañada por el lamentable gesto de Vox que da a entender que carecen de humanidad. No es la primera vez que el partido que supuestamente defiende con más entusiasmo los valores del cristianismo se desmarca con un gesto anticristiano. Como creyente me repugna.

Si se puede sacar algo en bueno, en caliente, de la investidura de Sánchez -porque evaluar algo antes de que suceda es una señal de estupidez, y si gobierna bien o mal solo puede decirlo el tiempo- es volver a ver a políticos haciendo política. Aunque haya habido actitudes manifiestamente mejorables de todas las sensibilidades políticas (el fango mancha a todos por igual-el fango mancha a todos por igual-el fango mancha a todos por igual), es preferible ver a políticos profesionales acertar o quedarse en evidencia que a tertulianos pagados por grandes medios de comunicación y de sí mismos dar bandazos y caldear el ambiente. Los grandes centros de poder son más inteligentes que ellos, la misma CEOE ha felicitado al nuevo gobierno por Twitter. Los empleados ponen la cara y la espalda a diario para ver luego como sus pagadores hacen lo que hacen los poderosos siempre: disimular.

En el magnífico final del Episodio III de Star Wars, Padme Amidala dice una de esas incursiones entre la boutade y la verdad: “Así muere la democracia, con un estruendoso aplauso”. ¿Alguna vez ha muerto de otra forma? No por ello hay que condenar los aplausos. Quizá si el griterío.

Si en España pudiéramos dejar de mirarnos al espejo y, a través del patio, a la ventana del vecino, y levantáramos la cabeza, veríamos que se viene una más que posible guerra horrible entre Estados Unidos e Irán (otra más) mientras nosotros, imbéciles, hacemos memes en Twitter. Los ciudadanos ya no irán a la guerra, pero eso a los Gobiernos les da igual, ya tienen drones para que seamos las víctimas. Mismo desenlace y menos supervivientes traumatizados. Algo así pasa también con la política: parece que ya solo podemos mirar impasibles lo que decidan hacer nuestros gobiernos y ser perdedores o vencedores, no partícipes. Por eso no entiendo las críticas y la incomprensión a las lágrimas de Iglesias, un profesor asistente en la universidad pública que ha llegado a la Vicepresidencia del Gobierno, al chalet, a la familia feliz y, lo que es más importante, a la posteridad, en cinco años. Por suerte o por desgracia para todos nosotros.

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