La utilización de la maquiavélica frase de «el fin justifica los medios» ha sido utilizada millones de veces en la historia política. También en España. Pero desde la llegada de Pedro Sánchez al poder del Partido Socialista Obrero Español ese mantra se ha jerarquizado aún más. Es la premisa necesaria para entender todos y cada uno de los movimientos del presidente. Él quiere tener su cargo. Quiere oler a Moncloa. Quiere tener sirvientes, criados y líderes extranjeros postrados a sus pies, todos contemplando la majestuosa figura del guaperas que, después de ser expulsado de su partido por defender sus principios individuales por encima de los de la nación, cogió el coche y habló con la gente de a pie para recuperar su trona de Ferraz. Aunque, con el tiempo, se ha descubierto que defender sus principios simplemente era una careta con fecha de caducidad marcada en el día que fuera nombrado Presidente del Gobierno.

«Pedro Sánchez ha dado toda una lección de falsedad política que, en otros países, le hubiera llevado al ostracismo profesional»

Pedro Sánchez ha dado toda una lección de falsedad política que, en otros países, le hubiera llevado al ostracismo profesional. Capaz de manipular al pueblo azuzando a la derecha más radical para acabar con el centro liberal, pero también de malgastar millones de euros con una repetición electoral para fagocitar a su rival político por la izquierda. Sánchez tardó menos de 48 horas en contradecir todas sus promesas electorales para coger el Falcon a Ferraz y en apenas dos sesiones de debates de investidura se arrodilló ante aquellos que ponen la democracia de España bajo la sombra de la corrupción y el caciquismo.

Sánchez se ha hecho un: «ETA, perdóname, quiero ser presidente». Porque todas y cada una de sus intervenciones han sido de lo más peligrosas para la democracia española. Sin entrar a valorar el carácter barriobajero de la vicepresidenta Calvo, con sonrisas y gestos mientras el resto de líderes comparecía en el Congreso, y tampoco sin contar con el látigo dialéctico y manipulador de la vasalla Lastra, el líder socialista -si es que aún se le puede situar en ese ámbito ideológico-, vomitó discursos en defensa de la pluralidad y la reconciliación con terroristas y sediciosos en detrimento del resto de españoles.

Pues si bien es completamente loable-y recomendable- pedir diálogo, resulta crispante que se premie a aquellos que se saltaron las leyes. Es sencillo de comprender que, si un niño pequeño se porta mal, premiarle con una tarde de chucherías no va a corregir su comportamiento. Ese niño se podría llamar ERC y a partir de ahora tendrá barra libre. Sin embargo, su cumplidor y obediente hermano Andalucía, o Asturias, o Cantabria, o tantos otros nombres, deberá conformarse con las sobras que le dejen los vándalos de Galicia, País Vasco y Cataluña. Todo por asumir el discurso que en su día comenzó ETA de la superioridad genética del pueblo vasco, que poco a poco se ha ido extendiendo por Galicia y Cataluña hasta ser una idea defendida por parte de su población. La del desarrollismo frente al españolismo paleto y retrasado. Aunque no maten, no se puede negar la inexistencia de algo si prevalece su discurso.

«El grupo filoetarra, pues así se definen ellos mismos al sostener que quizá ETA causó más daño del que debía, tuvo su guardaespaldas particular en todo el PSOE»

Sánchez se envalentonó con Casado, se podría decir que estuvo acertado con Abascal sin decir ninguna mentira -pues simplemente soltó datos oficiales- e intentó ridiculizar a Arrimadas nombrando a un Rivera que, al menos, tuvo la vergüenza de dimitir tras cosechar sus peores resultados históricos -cosa que Sánchez hizo en dos ocasiones y jamás dimitió-. Pero todo lo contrario con representantes del BNG, ERC, PNV y, sobre todo, Bildu. El grupo filoetarra, pues así se definen ellos mismos al sostener que quizá ETA causó más daño del que debía, tuvo su guardaespaldas particular en todo el PSOE. Tanto que, si hace unos años Ciudadanos y PP se ponían en píe para aplaudir a Rafa Hernando -otra de las víctimas del sanchismo- ante las barbaridades de los radicales, en esta ocasión se cambiaban los papeles y los amigos de los asesinos recibían el respaldo de la bancada socialista.

«La verdad siempre está ahí. No le importan los gobiernos ni las ideologías. Nos esperará eternamente», dicen en la serie de HBO Chernóbil. Ojalá alguien en el entorno de Pedro Sánchez sea capaz de recitarla. Mientras tanto, esperemos con más y más de lo mismo: «ETA, perdóname, quiero ser presidente».

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