A principios de los años sesenta, España, que ya era miembro de Naciones Unidas, puso en marcha la independencia de sus últimas colonias. Pese a las resistencias de Carrero Blanco y sus acólitos, partidarios de defender el imperio de ultramar por las armas, como los portugueses, el escaso valor de las posesiones españolas en África impuso perspectivas más moderadas en El Pardo.

Entre 1957 y 1969 ocupó la cartera de exteriores Fernando María Castiella, un reformista al que con justicia podemos llamar demócrata infiltrado en el franquismo. En 1968 no sólo logró la independencia pacífica de Guinea Ecuatorial, sino que el franquismo organizara en el país unas elecciones libres y multipartidistas, lo que resultó difícil de explicar para la prensa oficial española. Por desgracia esas elecciones las ganó Macías, futuro dictador sanguinario.

“Entre 1957 y 1969 ocupó la cartera de exteriores Fernando María Castiella, un demócrata infiltrado en el franquismo”

Más dura fue la relación entre Castiella y Rabat. El mismo año que llegó al Ministerio de Exteriores estalló una breve guerra entre en Marruecos contra España y Francia, la guerra del Ifni. Este pequeño enclave en el sur marroquí aún seguía en manos españolas.

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Por ponernos en contexto, Marruecos se independiza de Francia en 1956. En ese acuerdo participa España que entrega al nuevo reino magrebí la zona del Rif, protectorado español que ocupaba la franja norte del actual Marruecos. De paso, Franco renuncia a su Guardia Mora.

“estalló una breve guerra entre en Marruecos contra España y Francia, la guerra del Ifni”

Ceuta y Melilla quedaron en manos españolas, porque a diferencia del Rif no eran una colonia, sino ciudades metropolitanas. ¿Que cuál es la diferencia? Principalmente, la nacionalidad y sus derechos de sus ciudadanos. Los habitantes de las colonias europeas no eran propiamente ciudadanos de la potencia colonial. Sus derechos políticos eran incompletos. A diferencia de los auténticos ciudadanos, no tenían libertad para moverse por el imperio y menos aún por Europa.

Los rifeños, los saharauis o los guineanos nunca fueron españoles. Así lo confirmó en 2020 nuestro Tribunal Supremo al denegarles facilidades para acceder a la nacionalidad española. En cambio, sí lo eran ceutís, melillenses y canarios.

“Ceuta y Melilla quedaron en manos españolas, porque a diferencia del Rif no eran una colonia, sino ciudades metropolitanas”

El caso del Ifni era diferente. La idea era que antes o después retornara a Marruecos, pero España había estimado ventajoso preservar esa plaza estratégica un tiempo para ver cómo evolucionaban sus relaciones con el nuevo país.

La guerra duró casi seis meses. Suele tomarse el 23 de noviembre de 1957 como fecha de inicio y el 30 de junio del año siguiente como fin. Pese a que la lentitud de Franco en reaccionar permitió algunos éxitos iniciales a Marruecos, la fuerza conjunta franco-española barrió militarmente al inexperto ejército marroquí.

“la fuerza conjunta franco-española barrió militarmente al inexperto ejército marroquí”

Como anécdota familiar, mi abuelo hacía la mili ese año y fue movilizado entre las tropas de apoyo al Ifni. Por suerte, el cese de hostilidades llegó antes de que le tocara entrar en combate.

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Castiella logró controlar la mesa de paz. Con los ojos puestos en el largo plazo, no era conveniente humillar a Marruecos, parecer que Francia compartía.

Pese a su derrota militar, el acuerdo resultante devolvió el Ifni a Marruecos en 1959. El Ministro de Exteriores convenció al Dictador de que carecía de sentido prolongar la agonía, habida cuenta de que, desde el comienzo, España estuvo dispuesta a renunciar al enclave africano.

“el acuerdo resultante devolvió el Ifni a Marruecos en 1959”

En los años sesenta, los acontecimientos favorecían el plan de descolonización de Castiella. El 14 de diciembre de 1960, la Asamblea General de Naciones aprobó su Resolución 1514 (XV) que instaba al acceso de los pueblos colonizados a la libre determinación.

El ministro español vio en descolonización una oportunidad para introducir reformas internas en el régimen y mejorar su imagen exterior. El objetivo último de su política era lograr algún acuerdo comercial con las entonces Comunidades Europeas (futura UE) para favorecer el desarrollo económico de España, lo que, por cierto, acabaría consiguiendo.

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Por desgracia, su rotundo éxito en Guinea Ecuatorial quedó empañado por el fracaso en el Sahara. En un inicio, aquella descolonización se pensaba que iba a ser más sencilla que la guineana ecuatorial. En 1967 las autoridades españolas autorizan la creación de la Djaema’a, un consejo de ancianos electo por los saharauis entre candidatos aprobados por Madrid. Aunque muy limitado, había nacido el primer autogobierno saharaui contemporáneo.

La buena marcha de la descolonización se interrumpió ante las demandas de Marruecos. La monarquía alauí reivindicaba que el Sahara había sido parte de sus dominios antes de la colonización europea, por lo tanto, no tenía derecho a la autodeterminación separada de Marruecos. Empezó entonces un tira y afloja que sobreviviría a Castiella.

“En 1967 las autoridades españolas autorizan la creación de la Djaema’a […] el primer autogobierno saharaui contemporáneo”

No es ninguna locura pensar que los saharauis quizás hubiesen querido permanecer como territorio español. Especialmente, si las opciones hubiesen sido o provincia española o provincia marroquí. El gobierno podría haber aprovechado este contexto para una campaña internacional de apoyo contra las pretensiones de Marruecos. En vez de eso el presidente Arias Navarro se cerró en banda. El Sahara era “una cuestión interna”.

Su miopía geopolítica llegó al extremo de legalizar en noviembre de 1974 el Partido de Unión Nacional Saharaui (P.U.N.S.), que sería el único partido legal junto al Movimiento Nacional durante la dictadura. Cinco años antes, este gesto se habría visto como una mayor concesión de autonomía política. A finales de 1974, mientras en la O.N.U. se debatía consultar al Tribunal Internacional de Justicia sobre la descolonización del Sahara, el PUNS se percibió como un movimiento subrepticio para instaurar un régimen político títere pro-español.

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Verano de 1974. Consejo de Ministros en el Pazo de Meirás. En el centro, Franco, aún convaleciente de su flebitis. A su izquierda, el Príncipe Juan Carlos, Jefe de Estado interino, y a su izquierda Arias Navarro, Presidente del Gobierno.

El 14 de diciembre, la Asamblea General de la O.N.U. da luz verde a consultar al Tribunal de La Haya, mediante la Resolución 3292 (XXIX) en cuya votación España se abstuvo. El 16 de octubre de 1975 el Tribunal de Justicia Internacional, para sorpresa de Arias Navarro, emite un dictamen que cae como un jarro de agua fría sobre Marruecos: los vínculos de vasallaje entre algunos señores del Sahara con el antiguo sultanato marroquí no son suficientemente sólidos ni estables para considerar que la colonia española era parte integrante del Marruecos anterior a la colonización. En otras palabras, como pueblo colonizado, los saharauis disfrutaban de un derecho propio a la autodeterminación sobre su futuro.

“en noviembre de 1974 se legaliza el Partido de Unión Nacional Saharaui (P.U.N.S.), que sería el único partido legal junto al Movimiento Nacional durante la dictadura”

En abril, Hasan II de Marruecos había anunciado la “Marcha Verde”. Grupos de civiles desarmados marcharían hacia El Aiún, primera ciudad del Sahara y la ocuparían pacíficamente. El rey se había movido con gran habilidad aprovechando la mala prensa del régimen franquista después de la ejecución de Puig Antich y se había granjeado el apoyo de Francia y Estados Unidos prometiéndoles derechos de explotación sobre los ricos fosfatos del suelo saharaui.

Bandera del P.U.N.S.

Mientras en España el gobierno seguía paralizado. Pese al espaldarazo de La Haya, su imagen internacional se siguió deteriorando después de las ejecuciones de terroristas de ETA y las FRAP el 27 de septiembre, las últimas de la dictadura. Para colmo, pocas semanas después, el dictador empezaba su lenta y dolorosísima agonía.

“el Tribunal de Justicia Internacional emite un dictamen: como pueblo colonizado, los saharauis disfrutaban de un derecho propio a la autodeterminación sobre su futuro”

Tratando de evitar el vacío de poder, el 25 de octubre, Arias Navarro y Rodríguez Valcárcel, presidente de las Cortes, pidieron al Príncipe Juan Carlos que asumiera la Jefatura de Estado interinamente, como había hecho el año anterior durante la convalecencia por flebitis de Franco. El futuro rey se negó. No quería verse otra vez marginado y subordinado a Arias Navarro.

El 18 de octubre Franco entra por última vez en su despacho. Se cree que ese día escribió el testamento político que un lloricón Arias Navarro leería por televisión. Mantuvo una última reunión con el presidente y dio su última orden como Jefe del Estado minar la frontera del Sahara, movilizar al ejército y disparar contra los civiles marroquíes si la Marcha Verde empezaba.

Dos días después, apenas consciente y retorciéndose de dolor, el dictador balbuceó “ejecutad el art. 11”. Se refería al artículo de la Ley Orgánica del Estado que regulaba la Jefatura de Estado interina. Juan Carlos volvió a sustituir a Franco, pero ahora el marginado sería Arias Navarro.

“Hasan II de Marruecos había anunciado la Marcha Verde”

Un breve viaje a El Aiún, donde mostró su apoyo a las tropas le valió al joven príncipe buena prensa dentro y fuera de España. Mientras tanto, uno de sus hombres de confianza, Manuel Prado y Colón de Carvajal se entrevistó en La Casa Blanca con el secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, uno de los más convencidos partidarios de Juan Carlos, para que mediara al rey marroquí.

Juan Carlos también conversó telefónicamente con el propio Hassan II que fue convencido de minimizar la expresión de la marcha verde a un gesto simbólico de unas pocas decenas de personas. Nadie saldría beneficiado si la colonización del Sahara acababa en un baño de sangre.

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Para rematar la jugada, consolidándose como futuro árbitro de la transición, consiguió convencer a Santiago Carrillo de que desarticulara la llamada marcha roja, anunciada por el Partido Comunista. Esta habría consistido en una manifestación pacífica de exiliados y franceses simpatizantes que hubiesen cruzado desarmados la frontera francesa tras la muerte de Franco.

El 14 de noviembre se firma el Acuerdo Tripartito de Madrid entre España, Marruecos y Mauritania. Se acordaba crear una autoridad internacional conjunta entre los tres países para gestionar la autodeterminación del Sahara en un año, respetando siempre la voluntad de la Djaema’a, como órgano legítimo de gobierno del pueblo saharaui.

“El 14 de noviembre se firma el Acuerdo Tripartito de Madrid entre España, Marruecos y Mauritania”

Hasta cierto punto este acuerdo seguía las tesis del Plan Waldheim para descolonizar el Sahara español. ¿Quién era Waldheim? En aquel momento, el Secretario General de la O.N.U., el cuarto de la organización. En 1986 se convertiría en Presidente de Austria. Y en su juventud fue un presunto criminal de guerra nazi. Sí, la política internacional es un poco deprimente…

El 21 de noviembre, los acuerdos pasaron desapercibidos en el B.O.E., en pleno luto oficial por la muerte del dictador. Más o menos lo mismo ocurrió con el P.U.N.S. que se disolvió apenas un mes más tarde. La mayoría de sus militantes se integraron el Frente Polisario, un grupo rebelde cercano al bloque soviético, aunque de ideología híbrida entre arabismo, islam y marxismo.

“el P.U.N.S. se disolvió y la mayoría de sus militantes se integraron el Frente Polisario”

Más interés periodístico tuvieron los protocolos secretos que se filtraron a la revista Inverviu (núm. 89) publicados en unos meses más tarde. En ellos se garantizaba a España la integridad de sus bienes en suelo saharaui, o en su defecto, el precio de estos bienes y derechos de pesca para 20 años en la costa saharaui.

Así todo el mundo quedó contento: Francia y EE.UU. tuvieron sus fosfatos, Hasan II su Gran Marruecos, Mauritania se llevó unas migajas inesperadas, España conservó sus derechos pesqueros y su nuevo rey entró en la escena internacional por la puerta grande la diplomacia. Bueno, quería decir, todo el mundo menos los saharauis.

Militantes de la «Marcha Verde» portan banderas marroquíes y retratos del rey Hassan II.

Ante la apatía de Mauritania y España para forzar la autodeterminación del Sahara como establecían los Acuerdos de Madrid, Marruecos aprovechó las discrepancias entre el Frente Polisario y la Djaema’a para disolver esta última. A partir de ahí, se aseguró el apoyo estadounidense presentando su ocupación del Sahara como parte en la lucha contra el comunismo internacional.

“Marruecos aprovechó las discrepancias entre el Frente Polisario y la Djaema’a para disolver esta última”

Esta imagen se vio reforzada cuando el Polisario recibió apoyo de la dictadura argelina, entonces un país del bloque soviético. Muchos saharauis se exiliaron a Tinduf en la frontera argelina, donde aún viven en campos de refugiados. El Frente Polisario proclamó la República Árabe Saharaui Democrática, de signo dictatorial comunista. Hasta la fecha, sigue siendo una estructura de partido único donde la disidencia es severamente castigada.

La rivalidad entre Marruecos y Argelia era anterior a la colonización europea y ha sobrevivido a la guerra fría. Desde hace años ambos países mantienen cerradas sus fronteras. En los últimos meses, además, se ha incrementado la presencia militar entre ambos países. Sin la guerra de Ucrania, seguramente, esto hubiese llamado más la atención, aunque si finalmente pasa algo el precio del gas hará que nos interesemos por El Magreb. Y es que Argelia nos suministra buena parte del gas que consumimos en la Península Ibérica.

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