Este pasado domingo, China y la India anunciaron una prometedora desescalada de tensiones en la región de Ladakh, llamada el Pequeño Tíbet. Frontera tan inhóspita como conflictiva, sus valles y montañas ha sido disputados por diversas naciones a lo largo de siglos y hasta nuestros días, cuando nada menos que tres potencias nucleares, India, la China y Pakistán no acaban de ponerse de acuerdo en qué parte pertenece a quien.

Después de la expansión del islam por la gran meseta de Asia Central, a través de Persia, la población de Ladakh no dio mala acogida a este credo. Si bien, nunca alcanzó las cuotas de feligreses que enseguida obtuvo entre pastún afganos y turkmenos, o numerosas comunidades hindi. La aristocracia budista, apoyada por el reino de Tíbet impidió la islamización de la región.

Posteriormente, sin embargo, Tíbet tendría su propio pleito con Ladakh, a lo que este respondió apoyando al Reino de Bután en sus propios contenciosos territoriales con el Dalai Lama.

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Templo budista de Ladakh.

A principios del S XVIII, los chinos toman –por primera vez- el control de Lhasa. El Dalai Lama pasaba a ser un vasallo de la dinastía Quing que poco después reclamaba para su imperio Ladakh. Apenas un siglo después, ya bajo colonización británica de la India, un reino Sij bajo tutela de Londres, llevaría a cabo una incursión en la región ocupándola con éxito. La verdad sea dicha, después de plantar la bandera, tampoco pusieron mucho interés en ejercer un control efectivo sobre aquellos valles y peñascos abruptos, poco poblados y pobres.

Pese a esta falta de valor económico y estratégico, ya sabemos lo mal que llevan los imperios perder un palmo de tierra. La corte imperial Quing nunca aceptó la ocupación de Ladakh, aunque poco pudo hacer por reclamarla. El Trono del Diez Mil Años se tambaleaba. Dos guerras del opio después, agrietaron definitivamente su esplendor y diversas incursiones militares convertirían Tíbet, Bután y Nepal en áreas de influencia británica. En 1912, Tíbet y Mongolia autoproclamaron su independencia de Pekín, aprovechando el derrocamiento del sistema imperial y la fragilidad de una joven república destrozada por luchas intestinas entre señores de la guerra.

Localización de Ladakh en India
Ladakh: zona roja oscura y clara. Fronteras actuales: líneas continuas. Reivindicaciones indias: líneas de puntos.

Al iniciarse los años veinte del pasado siglo, nada parecía indicar que China volvería a gozar de influencia geoestratégica en el Ladakh. Sin embargo, en apenas unas décadas, la ahora República Popular China de Mao Tse Tung reclamaba el Tíbet como parte de su territorio. Hacia principios de los cincuenta, el dominio Chino era una realidad consumada en 1959 cuando el Dalai Lama abandonó el país.

Mientras tanto, en 1949, la inmensa india británica si independizaba dividida en la India y Pakistán, que entonces incluía Bangladesh, según el plan de Lord Mountbatten. Las tensiones entre la Nueva Delhi e Islamabad no tardaron en estallar, en especial en torno a la región de Cachemira. ¿Y qué hay al norte de Cachemira? Pues Ladakh. De hecho, político-administrativamente, en la India considera Ladakh como parte de Cachemira.

Por su parte, la China comunista hizo suyas las reivindicaciones territoriales del imperio Quing y reclamó para sí parte de las regiones de Ladakh. Sin embargo, el papel de Pekín parecía más bien anecdótico, en un conflicto fronterizo entre India y Pakistán. Pensemos que además del Tíbet, el gobierno comunista tenía que reeducar a los musulmanes de Sinkiang, provincia norteña del principado del Dalai Lama, que no acababan de ver claro esto de cerrar sus mezquitas y el comunismo en general.

Todo cambia en 1959, cuando la India da asilo político al Dalai Lama y a su gobierno en el exilio, lo que hace que el interés chino por Ladakh se disparé, desplazando a numerosos contingentes de tropas al lugar.

Crisis en Ladakh: el conflicto sino-indio | Descifrando la Guerra
A la izquierda, soldados chinos, a la derecha, soldados indios.

El punto crítico de las tensiones se alcanza en 1962. Las tropas chinas ocuparon militarmente la zona de Aksai Chin, parte nororiental de Ladakh, expulsando a los indios. En represalia, el gobierno indio del Primer Ministro Neru fortificó en el otro extremo de los Himalayas la región de Arunachal Pradesh, colindante con Bután y el actual Bangladesh, además de preparar un contrataque con el que estaba seguro de poder ocupar totalmente Aksai Chin, echando así a China de Ladakh.

La guerra se considera el gran fracaso político de Neru. Pese a los éxitos iniciales, en pocas semanas las tropas chinas dieron la vuelta a la situación en todos los frentes. Desesperado, el gobierno indio empezó una retirada de las zonas en disputa y evacuando las ciudades más importantes de Assam, provincia próxima al Bután. Víctima colateral fue la democracia india, pues se produjeron detenciones de varios dignatarios y muchos más militantes del partido comunista indio sin garantías ni pruebas de conexiones con el gobierno de Mao.

     Ladakh en Cachemira
Territorio de Ladakh dentro del perímetro azul, dividido entre Pakistán, India y China.

Hasta tal punto cundió el pánico que Neru pidió ayuda militar a Kennedy, lo que implicaba dejar a un lado su política de no alineación o neutralidad en la Guerra Fría. Paradójicamente, esta maniobra tan incómoda para el padre de la independencia india, tuvo unos efectos inesperados: Moscú se puso nervioso ante la idea de que la India se pasara claramente al bando occidental y llamó al orden al partido comunista chino.

Las tropas chinas detuvieron su avance y anunciaron unilateralmente un alto al fuego. Neru detuvo su acercamiento diplomático a Washington. Las tropas chinas se retiraron de Arunachal Pradesh, aunque sin renunciar a sus reivindicaciones políticas sobre la región. Por el contrario, Prekín retuvo Aksai Chin hasta la fecha.

El resultado fue el recrudecimiento de la militarización del Ladakh. La guerra, sin embargo, no tardó en adquirir otra dimensión: la de las infraestructuras.

Recordad que hablamos de una región humilde y geográficamente accidentada. Ninguno de los agentes en disputa tenía un particular buen acceso a la misma. Poco después de acabarse la guerra, China inauguraba la carretera de Karokaram, que unía Aksai Chin con Pakistán. ¿La respuesta India? Construyó su propia carretera, la carretera de Srinagar-Leh, para mejorar la comunicación de Ladakh con la Cachemira india.

Dos años después de la guerra, en 1964, China estrenaba su primera bomba atómica. Exactamente una década más tarde, la India exhibió al mundo su propio arsenal atómico, o como lo bautizaron “dispositivo nuclear pacífico” o “pacificador”.

Ladakh finds organic farming viable solution to check 'rural out-migration'
Granja en Ladakh.

El tercero en discordia, Pakistán, no admitió estar en posesión de armas nucleares hasta la década de los noventa, sin embargo, existe el convencimiento internacional de que a mediados de los ochenta ya disponía de esta tecnología bélica.

A medida que la distensión entre la URSS y occidente se iba materializando en diferentes tratados, muchos temieron que la guerra atómica ya no empezara entre las dos superpotencias, sino entre India y Pakistán. En 1999, una guerra de mayor a julio, por la frontera cachemir, incluido el sureste de Ladakh, encendió todas las alarmas. Sin embargo, la llamada guerra de Kargil se saldó con un millar de soldados muertos entre ambos bandos, pero sin amenazas nucleares. La ONU, EE.UU. y la propia China operaron como conciliadores más o menos (des)afortunados.

Si bien la tensión india-paquistaní distrajo al mundo de la tensión sino-india, lo cierto es que esta ha seguido ahí, en un formato similar. Cada x años, se han registrado escaramuzas fronterizas entre las tropas de ambos países, llegando a combates de pequeña escala –especialmente si tenemos en cuenta el poder armamentístico en juego.

Con la paz podrá volver el turismo.

Si algo no podía faltarle al 2020 era un conflicto entre potencias nucleares. Y aunque no nos enteráramos mucho, entre mayo y junio, Ladakh volvió a ser un polvorín, cuando varios tiras y aflojas entre soldados chinos e indios se saldaron con 20 muertos oficiales.

En lugar de una nueva escalada de tensión, las escaramuzas bélicas se tradujeron en una serie de diálogos informales que esta semana se han materializado en un acuerdo para disminuir la presencia militar en el Pequeño Tíbet. En un mundo con tan pocas buenas noticias, me parecía interesante dedicar unos minutos a este evento.

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