1 Conversar de banalidades en un plano fijo. ¿Una película de Richard Linklater o la vida de un político en Campaña Electoral? Desayuno con los líderes políticos todas las mañanas. Ayer Susana Griso invitó a un café al Presidente Sánchez, que no bebió café en toda la charla. Yo sí. Porque, a diferencia de una película de Linklater, no me sorprende nada de la conversación. No está mal. Quizá los políticos no deberían sorprendernos. Quizá los periodistas no deberían sorprendernos.

No es culpa de Sánchez ni de Griso. Paso a desayunar con Xabier Fortes y Andoni Ortuzar y vuelvo a quedarme solo brindando. ¿Nadie ha pensado proponer como Presidente del Gobierno a Aitor Esteban? Con Ministros de cada partido según su representación parlamentaria. 10 años de silencio político. Como los diez años que pasan entre ‘Before Sunrise’ y ‘Before Sunset’. Ya hemos tenido nuestros planos fijos y nuestras conversaciones banales, ahora vuelvan a su vida y cuéntenos, dentro de una década, qué tal el ejercicio del poder, si tuvieron hijos, si triunfaron en el amor o se divorciaron. No necesitamos un reality show.

 

2 Soñar es gratis. No parece que vayamos a salir de esta vorágine de locura política. La campaña todavía no ha empezado y no ha terminado en los últimos tres años y ya se le está haciendo larga a muchos políticos que vinieron a marcar época y a ser hegemónicos.

Albert Rivera parece abocado a la desaparición. La gente empieza a alucinar con sus campañas publicitarias, con sus bandazos -un día centristas y al siguiente falaces- pero, sobre todo, él empieza a alucinar con la gente una vez ha dejado de ser el niño mimado de los grandes poderes: “¿Ahora tengo que convencerles yo?”, parece preguntarse. Tiene un partido extraño, Rivera. Con un electorado que no sé si vota por votar o tarda en verle la piel del lobo al cordero. Las encuestas más favorables les hacen perder 20 escaños en el Congreso de los Diputados. En caso de ser así, habrá fiesta en su sede madrileña al filo de una M-30 que les puede servir de metáfora. Siempre dando vueltas en círculos alrededor, y a una distancia prudencial, de los verdaderos centros de poder: Ferraz y Génova.

Es como si alguien les hubiera prometido encontrarse en el mismo sitio a la misma hora dentro de un par de años cuándo entraron en política pero ya como primera fuerza parlamentaria y les hubieran dejado colgados, bajo la lluvia, esperando una hegemonía que nunca llega. Ojo como ERC supere en escaños al partido de la Ciudadanía. Es muy posible que Rufián haya moderado y modulado su discurso solo para volver con la artillería pesada en ese caso.

Otro que está viendo como se le cae el castillo de naipes es Íñigo Errejón. Siempre me ha caído bien y me ha parecido un político válido con buenas ideas, incluida la de lanzar un partido verde español a la europea. Sin embargo, la campaña electoral nacional le ha pillado a pie cambiado y no ha tenido ni la más remota idea de cómo hacerse un hueco en el debate político. No puede arremeter contra PSOE ni contra Podemos y no termina de acertar con sus propuestas ni con los globos sonda de propuestas que se esfuerza en lanzar: la regulación del cannabis, el impulso a la industria del videojuego,… ¿En serio, Íñigo?

 

3 El que está realizando un ejercicio de saber hacer político de primer orden es El Renacido (nunca mejor dicho, por su nuevo look) Pablo Casado. ¡Qué manera de callarse, qué manera de no hacer el ridículo, qué manera de echarse a un lado! Si el pueblo español no tuviera memoria a medio plazo sacaría 200 diputados. Ha conseguido superar a Mariano Rajoy, sin duda, en el noble arte del mutismo. Verle (e incluso no verle) en silencio es más bonito que el silencio de Jesse al final de ‘Before Sunset’. Esperemos que la demencia electoral no vuelva a hacer salir al Casado que insultaba con el diccionario de la RAE en la mano a Sánchez.

 

4 Podemos lo intenta pero ya no llega. Ni su discurso, ni nuevas caras más allá de Iglesias-Montero, ni nada. Sí da la impresión de que ha logrado una base de votantes sólida en torno a los cuarenta diputados. Nada mal para volver a ser la izquierda típica a la izquierda de un PSOE cada día más centrado.

Tampoco termina de llegar VOX (y es ésta una analogía situacionista, no ideológica), y muchos estamos tranquilos por eso. Los escándalos que involucran a la Rocío Monasterio arquitecta a la Rocío Monasterio política le dan igual en tanto a su amnesia. Antes se reían, y mucho, del Sánchez presidente y el Sánchez candidato. La realitypolitik de la que ellos se han beneficiado puede acabar devorándoles, como a tantos otros.

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