El fin justifica los medios es el nuevo mantra de la política independentista catalana. Durante los últimos tiempos se habían visto intentos de batasunización en el sector secesionista, pero el culmen ha llegado después de un año de investigación policial y a unas pocas semanas de que el Tribunal Supremo dicte sentencia sobre el presunto Golpe de Estado dado por los líderes del Procés. La detención de nueve miembros de los CDR y las críticas a esta acción no son más que la simbolización de ese mantra con el que comenzaba el artículo y que es el lema principal de todo grupo nacional-independentista.

Es comprensible que ERC, JxCat y la CUP intenten banalizar cualquier operación policial contra los de su bando pues tienen que sostener de cualquier manear su discurso del odio. Todo es un complot del estado opresor contra la libertad de un pueblo. Ya lo decían hace unos años en País Vasco día tras día. Pero lo más preocupante no es que el diablo ejerza como tal, sino que los ángeles traguen con sus versiones e intenten generar una corriente conspiranoica contra la institución española. Podemos y sus confluencias, sus grupos afines, sus círculos de confianza o como quieran llamar a sus amigos políticos, que son esos supuestos ángeles bonachones de la democracia, muestran el claro ejemplo de lo que es la hipocresía ideológica. Y cuando se habla de estos grupos se incluye a Más País, formado por las mismas personas que restauraron el comunismo marxista en la política española más reciente.

«Pero lo más preocupante no es que el diablo ejerza como tal, sino que los ángeles traguen con sus versiones e intenten generar una corriente conspiranoica contra la institución española»

Para entender ese cinismo político solo hay que retroceder unos meses. Minutos después de que se publicaran los primeros datos seguros sobre el escrutinio en las elecciones andaluzas, Pablo Iglesias salía a hablar -justo todo lo contrario de cuando su grupo vive una crisis interna- para llamar a las barricadas a todo demócrata sensato que, aunque no casara con el programa de Podemos, estuviera seguro de que había que defender los derechos y libertades que estaban en riesgo. «Alerta antifascista», decía con tono valiente, preocupado y prácticamente de escena heroica de un blockbuster bélico de Estados Unidos. Estábamos en riesgo, aunque parece que ese peligro se ha retrasado dado que Andalucía sigue con vida con sus mujeres y LGTB paseando por la calle sin amenazas.

El PSOE, para no perder distancia en esa carrera por el votante de izquierdas, aprovechaba la ocasión e implantaba un discurso del renacimiento del franquismo personalizado en una Falange de las JONS vestida de verde y llamada VOX. Le salió bien a Sánchez, que consiguió vencer en las Europeas, en muchos municipios y en las Generales -el resto de la historia del fracaso ya la conocemos-. Hasta aquí todo correcto puesto que entra dentro del juego político de la hipérbole constante en busca de enarbolar los sentimientos del español frustrado de a pie. Pero esa gesticulazión por preocupación, más que exagerada, no se ha repetido cuando la Justicia ha determinado que un grupo terrorista se estaba formando en Cataluña.

Podemos ha mantenido silencio e incluso algunos de los que conforman el grupo federal han apoyado la idea de que todo es un movimiento del Estado contra Cataluña. Las teorías conspiranóicas siempre han sido muy de los de Pablo Iglesias, negarlo sería una falacia considerable. Pero en un momento en el que se vienen elecciones es una jugada algo peligrosa. Digamos que en esta ocasión no ha habido «alerta antifascista», sino «alerta españolista». Lo preocupante es que desde el Gobierno se hayan puesto de perfil ante un caso tan serio.

«Las teorías conspiranóicas siempre han sido muy de los de Pablo Iglesias, negarlo sería una falacia considerable. Pero en un momento en el que se vienen elecciones es una jugada algo peligrosa»

El PSOE ha pedido calma y respeto a los procesos judiciales. Una pena que esa mesura de la que tanto alardean ahora desde el Ejecutivo no se pusiera en práctica cuando tres partidos defendían la unidad de España en Colón. Los del «trifachito», la «derecha trifálica», la «ultraderecha» y la «España de blanco y negro» pidiendo tranquilidad. Resulta lamentable y preocupante que el grupo de personas que lleva los mandos de país sea capaz de hacer tal diferenciación ideológica. Todo por defender las bases del Sanchismo.

Un grupo de radicales crea una presunta célula terrorista. Consiguen materiales para fabricar bombas. Elaboran planos de cuarteles de la Guardia Civil. Piensan en actuar los días del 1 de octubre y cuando salga la sentencia del TS. Tras un año de investigación bajo secreto de sumario, la Justicia decide que deben ser detenidos. Dos de ellos confiesan que sus planes eran ciertos. El Govern de Catalunya les defiende. En las Cortes se vota para expulsar a la Guardia Civil del territorio de la Comunidad Autónoma. Y todo ello mientras el PSOE alcanza acuerdos tácitos con BILDU y JxC.

Pese a ello, se sigue defendiendo que la aplicación del artículo 155 no es necesaria. La excusa no es otra que la de la limitación del Tribunal Constitucional sobre el uso de dicho apartado. Todos sabemos que no puede ser algo infinito en el tiempo y que debe estar sustentado por los hechos. ¿Y en serio en el PSOE creen que la defensa por parte de un Gobierno Autonómico a un grupo terrorista no es motivo para su aplicación?

Evidentemente parece que no. Porque la alerta antifascista es mucho más fácil de convocar que la terrorista y más cuando la formación de un gobierno en solitario se antoja casi imposible. Si bajo el mandato de Zapatero miembros del Gobierno fueron capaces de fomentar un chivatazo, ¿por qué bajo el del sanchismo más extremo no se va a intentar minimizar el apoyo político del secesionismo a las acciones violentas? Que le pregunten a Edmundo Bal.

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